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martes, 4 de mayo de 2010

Villa La Angostura. Deporte y naturaleza -bueno, y fiesta-...

Bariloche - Villa La Angostura - 70km (Total 16.030km)


Ver Bariloche - Villa la Angostura (70km) en un mapa ampliado

Mi siguiente destino decidí que fuese esta conocida población en la cara norte del mismo lago que convierte a Bariloche en ciudad costera, el Nahuel Huapi.



En verdad ni siquiera había pensado la posibilidad de conocer este coqueto pueblo, muy conocido por ser nada y más y nada menos que el lugar de veraneo de los Perón, pero debía hacer tiempo hasta que mi amigo el "Taranta" pudiese recibirme, solo un par de días más tarde, en Purranque, Chile.

Una vez hospedado en un tranquilísimo hostal pregunté qué cosas podía hacer por allí. Justo a tres kilómetros se encuentra la entrada al Parque Nacional Arrayanes, un lugar de visita indispensable.

Doce kilómetros después de haber entrado en el mismo parque se haya un lugar increíble y que da nombre al lugar: el bosque de los arrayanes. Hasta allí decidí llegar alquilando una bici de montaña que me transportase por los senderos con sus constantes subidas y bajadas (especialmente al principio).



No hacía mountain-bike desde los dieciséis años, y aunque mis piernas sufrieron las consecuencias durante un par de días, fue una experiencia hiper gratificante.



A lo largo del camino vas viendo todo el parque con sus inmensos árboles y sus hermosas lagunas.



Entre setas varias y pàjaros de todo tipo,



la frondosidad de la vegetación se mezcla con la apertura de los claros que te permiten visualizar el inmenso lago que rodea esta pequeña península,



y los inevitables reflejos que la claridad del cielo provoca en sus aguas.



Ya casi al final se comienzan a ver los arrayanes, árboles preciosos de tronco color canela, autóctonos de La Patagonia, y que le dan al lugar un encanto muy particular. Simplemente precioso.







También quiero hablar del nuevo amigo que hice, y es que justo a mitad del camino alguien decidió hacerme compañía. Como ya comenté con alguien muy especial, un perro decidió seguirme en la ruta. "Can" fue el improvisado y poco original nombre que le puse. Pensé que no le apetecía estar solo, y a los pocos segundos de comenzar a acompañarme me di cuenta de que yo tampoco. Cuando bajaba a gran velocidad en los descensos que se abrían a mi paso, con el frescor del aire golpeando dulcemente mi rostro, me detenía para esperar a Can, quien no podía seguir el ritmo.



Pero, cuando tenía que echar pie a tierra y subir caminando bicicleta en mano las grandes subidas que imposibilitaban mi pedaleo, era Can quien me esperaba desde arriba hasta que llegase a su altura para continuar juntos el trayecto. Entre los dos comimos mis bocadillos y bebimos mi agua.

Justo cuando salí del parque, ya a la vuelta, Can se fue como llegó, sin saludar, sin despedirse. Él me dio la mejor de las compañías posibles.


Sin embargo, antes de terminar mi visita a este inolvidable lugar, Can también me esperó junto a la bici durante la media hora que me ausenté del camino, bosque adentro, siguiendo el sonido que provenía de muchos árboles relativamente cercanos y que me intrigó muchísimo. Tratando de no hacer ruido, fui buscando dicha procedencia. Lo que se escuchaba alrededor era un piqueteo incesante sobre la madera de los troncos y ramas que invadían la escena. ¿Pero qué demonios era?

Al acercarme al árbol más cercano que "producía" el extraño sonido pude verlo: ¡pájaros carpinteros! Ahogando a duras penas la emoción que sentía y que al mismo tiempo luchaba por salir de mí en forma de sonido, pude fotografiar tan particular animal.



Fue tal mi asombro ante la violencia con la que golpetean los troncos que decidí inmortalizarlo en video:




La verdad es que la naturaleza casi virgen que se puede encontrar en este lugar es asombrosa para un chico de ciudad como yo. No paro de disfrutar con todo lo que me voy encontrando en el camino, pero la visión de estos pájaros con su potente pico y su resistente cuello, simplemente me fascinó.

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La última noche en Villa La Angostura, un sábado, decidí seguir el tópico e irme a tomar algo. Entré a un bar de reciente inauguración. Todos los que lo llevaban eran familia: padre, hijos, hijas, novias, novios, primos...Unas diez personas, casi todas con lazos sanguíneos, me acogieron en el bar como un viajero solitario que soy y no solo me dieron compañía y cerveza hasta que el bar cerró muchas horas después, sino que también fui invitado a partidas de billar que en teoría los clientes han de pagar, pero conmigo hicieron excepción.

Chic@s, si leéis esto, ¡muchísimas gracias por la buena onda de mi última noche en VLA!

Un beso enorme, Tatiana...

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Desde allí solo tenía que agarrar un colectivo internacional, que casi pierdo por quedarme dormido, hasta unas horas después encontrarme con un viejo amigo de Barcelona, el loco del "Taranta", en su chileno pueblo de Purranque.