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Aquí estoy, despertando del mundo onírico que me ha mantenido durante meses en estado nebuloso ante lo que se avecinaba.
Desperté en el aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires. Pero al momento, repentinamente, volví a caer en un estado de ensoñamiento febril del que creo no podré escapar hasta dentro de unos meses.
Inciado el sueño de verdad, me dirigí en mi nube, en mi manta voladora, hacia mi primer destino: la casa de Douglas. El bohemio errante que conocí en Barcelona continúa su periplo literario-lírico-vital junto a su familia en su casa, una fábrica de helados y lácteos abandonada hace un tiempo y ahora reconvertida en hogar familiar.
En el trayecto, mezclando buses y trenes nocturnos, recibí la primera impresión de la ciudad: por todos lados, en todos los muros y paredes, se dibuja en forma de letras la indignación de un pueblo que hace tiempo dejó de creer en la clase política. A donde mirase leía:
"Traidores a la patria: Duhalde=Carrio. Ménem=De Narváez".
Duhalde fue ese gran político que remató la economía argentina cuando el corralito. Se encargó de realizar los cambios necesarios en las finanzas para que el pueblo perdiera sus ahorros cuando los ricos los ponían a buen recaudo en bancos extranjeros. Luego remató sus expectativas para fomentar la incipiente pobreza de la clase media reprimiendo brutalmente a los piqueteros (unión de trabajadores desocupados), llegando la policía a matar a dos de ellos. Carrio es una política de la dictadura que hoy mantiene un puesto de diputada en Buenos Aires. Cojea claramente a la derecha, pero creo se cayó en la ultra-derecha. Ménem es el falso peronista (pero...¿qué es hoy el peronismo?, ¿acaso los Kirschner lo son?...) que se lucró a costa de influencias y a costa del pueblo, corrompiéndose hasta que ya no pudo más. De Narváez es un rico empresario que ha metido sus sucias manos en la política argentina contaminando aún más la desconfianza del pueblo hacia una clase que se supone los representa, pero que realmente se corrompe con la plata de la misma población que los sustenta.
Esa fue la bienvenida capitalina, la Buenos Aires del "ya no me creo nada", la desazón porteña hacia los ladrones que un día también se les llamaba políticos.
Desperté en el aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires. Pero al momento, repentinamente, volví a caer en un estado de ensoñamiento febril del que creo no podré escapar hasta dentro de unos meses.
Inciado el sueño de verdad, me dirigí en mi nube, en mi manta voladora, hacia mi primer destino: la casa de Douglas. El bohemio errante que conocí en Barcelona continúa su periplo literario-lírico-vital junto a su familia en su casa, una fábrica de helados y lácteos abandonada hace un tiempo y ahora reconvertida en hogar familiar.
En el trayecto, mezclando buses y trenes nocturnos, recibí la primera impresión de la ciudad: por todos lados, en todos los muros y paredes, se dibuja en forma de letras la indignación de un pueblo que hace tiempo dejó de creer en la clase política. A donde mirase leía:
"Traidores a la patria: Duhalde=Carrio. Ménem=De Narváez".
Duhalde fue ese gran político que remató la economía argentina cuando el corralito. Se encargó de realizar los cambios necesarios en las finanzas para que el pueblo perdiera sus ahorros cuando los ricos los ponían a buen recaudo en bancos extranjeros. Luego remató sus expectativas para fomentar la incipiente pobreza de la clase media reprimiendo brutalmente a los piqueteros (unión de trabajadores desocupados), llegando la policía a matar a dos de ellos. Carrio es una política de la dictadura que hoy mantiene un puesto de diputada en Buenos Aires. Cojea claramente a la derecha, pero creo se cayó en la ultra-derecha. Ménem es el falso peronista (pero...¿qué es hoy el peronismo?, ¿acaso los Kirschner lo son?...) que se lucró a costa de influencias y a costa del pueblo, corrompiéndose hasta que ya no pudo más. De Narváez es un rico empresario que ha metido sus sucias manos en la política argentina contaminando aún más la desconfianza del pueblo hacia una clase que se supone los representa, pero que realmente se corrompe con la plata de la misma población que los sustenta.
Esa fue la bienvenida capitalina, la Buenos Aires del "ya no me creo nada", la desazón porteña hacia los ladrones que un día también se les llamaba políticos.
Así, el sábado ya de madrugada, en mi tardía llegada a la fábrica "La Vascongada" (se encuentra en Munro, a una hora del centro porteño), Douglas y su hermano Brian (re-buena onda) me esperaban junto a otro amigo para sumergirnos en los efluvios nocturnos que depara el "mercado" de estos lares. Fue una gran bienvenida, cargada de conversaciones imparables sobre los contrastes de acá y de allá.Ya en mi primera visita al centro pude observar y comprender como aquí el turismo de monumentos, instituciones, arquitectura, etc, tiene, aparte de una arquitectura monumental y estructural muy cercana a la madrileña, un claro matiz que lo impregna todo: la patria y la liberación nacional. Por todos lados se yerguen conmemoraciones a la independencia del colonialismo que este año cumple dos siglos. El obelisco refleja en sus cuatro lados los nombres de los héroes libertadores, San Martín (el principal libertador) tiene su tumba en la Catedral de la ciudad, las estatuas que encuentras al pasear también inmortalizan en mármol pétreo a esos héroes de la nación.
Incluso las festividades nacionales están en clara sintonía con fechas clave de tal emancipación. A pesar de que la Iglesia Católica es la religión que predomina en un 92% de los argentinos que siguen creyendo en el "otro mundo", el calendario nacional rige sus festividades en base a los días que fueron marcando su rumbo patriótico. Y ese orgullo patrio está vinculado, lógica e inexorablemente, a su independencia de los colonos que, desde el otro lado del charco, querían perpetuar lo que ellos mismos llamaban virreinato, pero aquí llamaban la Argentina...
En mis céntricos paseos, y tras engullir con enorme placer las empanadas más deliciosas que jamás caté, llegué a la sede oficial de la "Asociación de las Madres de la Pl. de Mayo".
En mis céntricos paseos, y tras engullir con enorme placer las empanadas más deliciosas que jamás caté, llegué a la sede oficial de la "Asociación de las Madres de la Pl. de Mayo".
Era domingo y estaba cerrado, pero entre sus rejas pude preguntar a los de adentro si al día siguiente, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, iban a acudir a algún acto en la mítica plaza que les da nombre. Sin confirmar hora me respondieron positivamente. Pero 'hoy' era día 7...
Tras visitar el exterior del Congreso con su ondeante bandera albiceleste,
Tras visitar el exterior del Congreso con su ondeante bandera albiceleste,
me lancé bajo tierra a conocer el subte, es decir, el metro, con sus míticos vagones de principios de siglo XX aún en funcionamiento. Tecnología y romanticismo se unen en la línea A, la primera de toda latinoamérica.
Ya cayendo la noche, nos acercamos al "viejo" San Telmo, donde cada domingo se reúnen artesanos, artistas, excéntricos y turistas en un rastro de más de 10 cuadras. Allí nos juntamos unos cuantos para, ya sin luz diurna, dirigirnos a la plaza Dorrego, donde bohemia, estética alternativa, turismo y música siguen mezclándose. En medio de la plaza se alterna la música en vivo: folklore y tango es la receta con la que los más atrevidos (son muchos) se animan a bailar al ritmo del compás que marcan las bandas. Asistía así a mi primera milonga.
Allí permanecimos hasta altas horas, incluso mucho tiempo después de que la plaza se vaciara, entre litros de cerveza y personajes variopintos. Merece mucho la pena hablar de uno de ellos, quien, como tantos otros, se acercó a por tabaco y alcohol. El "necesitado" pasó a convertirse en compañero de conversación ante el gran sentido del humor que transmitía. Su adicción a la politoxicomanía le ha hecho perder los dientes, pero no el ingenio. Sin embargo, entre las innumerables anécdotas acompañadas de las mismas carcajadas, hubo un instante en que habló de su pasado familiar:
Aseguraba provenir de familia trotskista, en donde científicos, filósofos y psicólogos hacían de padres, primos y hermanos. La dictadura de Videla, la represión, el secuestro y la tortura acabó sesgando su familia para que muchos de ellos pasaran a formar parte de los desaparecidos, mientras que alguno de los que quedaron no pudo soportarlo y optó por la vía del suicidio. Si tantas drogas ingeridas hasta sus 42 años no le han inducido a reinventarse su propia historia y a mentir compulsivamente, resulta bastante comprensible su proceso auto-destructivo.
Lo que quedó claro fue que la mezcla de su gran sentido del humor mezclado con su vida personal hace pensar que la tragicomedia se inspira en personajes como este.
Y llegó el 8 de marzo y el que, hasta ahora, ha significado el momento más emotivo de estos días. Acudí a la histórica Plaza de Mayo, culminada por la sede presidencial, la Casa Rosada, o de dónde De la Rúa salió huyendo en helicóptero cuando el corralito.
A pesar de que la angustia por intuir que llegaba tarde (empezaba a caer la noche) movía mis pies a gran velocidad, al entrar en la plaza y mientras secaba el sudor de mi frente, observé como centenares de pancartas levantadas por otras tantas personas, hacían un círculo en torno al improvisado podio en donde los distintos colectivos feministas, incluídas las Madres, enaltecían micrófono en mano sus reivindicaciones:
Aseguraba provenir de familia trotskista, en donde científicos, filósofos y psicólogos hacían de padres, primos y hermanos. La dictadura de Videla, la represión, el secuestro y la tortura acabó sesgando su familia para que muchos de ellos pasaran a formar parte de los desaparecidos, mientras que alguno de los que quedaron no pudo soportarlo y optó por la vía del suicidio. Si tantas drogas ingeridas hasta sus 42 años no le han inducido a reinventarse su propia historia y a mentir compulsivamente, resulta bastante comprensible su proceso auto-destructivo.
Lo que quedó claro fue que la mezcla de su gran sentido del humor mezclado con su vida personal hace pensar que la tragicomedia se inspira en personajes como este.
Y llegó el 8 de marzo y el que, hasta ahora, ha significado el momento más emotivo de estos días. Acudí a la histórica Plaza de Mayo, culminada por la sede presidencial, la Casa Rosada, o de dónde De la Rúa salió huyendo en helicóptero cuando el corralito.
A pesar de que la angustia por intuir que llegaba tarde (empezaba a caer la noche) movía mis pies a gran velocidad, al entrar en la plaza y mientras secaba el sudor de mi frente, observé como centenares de pancartas levantadas por otras tantas personas, hacían un círculo en torno al improvisado podio en donde los distintos colectivos feministas, incluídas las Madres, enaltecían micrófono en mano sus reivindicaciones:
derechos laborales para la mujer, derecho al aborto libre y legal, igualdad salarial entre hombre y mujeres, derechos de las lesbianas, desaparición de la influencia eclesiástica en las organizaciones femeninas...Sin embargo, su lucha se extendió más allá de las fronteras internacionalizándose hasta sacudir el capitalismo: necesidad de la lucha contra el imperialismo empresarial yankee, que sus multinacionales no expropien los territorios indígenas ni los recursos naturales que les pertenecen, impedir que sus fuerzas armadas tengan bases militares en territorio latinoamericano...
Me parecía estar en otro mundo, pero...¡Joder! ¡Estaba en otro mundo! Solo el acento latino de las mujeres que leían los discursos ya me emocionaba al ver que sí, que estoy aquí, y que por fin puedo comprobar desde las entrañas de América como se organiza la lucha contra la injusticia de este sistema.
Me parecía estar en otro mundo, pero...¡Joder! ¡Estaba en otro mundo! Solo el acento latino de las mujeres que leían los discursos ya me emocionaba al ver que sí, que estoy aquí, y que por fin puedo comprobar desde las entrañas de América como se organiza la lucha contra la injusticia de este sistema.
Sin embargo, lo que más llegó a emocionarme fue cuando le pasaron el micro a una de las madres de la Plaza de Mayo quien, embargada por la emoción no pudo apenas mencionar palabra ya que, para leer su manifiesto, pasó el testigo a una de las nietas que han sido encontradas gracias a su constante lucha durante décadas para que se busque a los desaparecidos y se juzgue a los fascistas asesinos que los trataron de borrar como si fueran insectos molestos.
Entré el júbilo y cánticos de lucha de los manifestantes no pude evitar emocionarme por lo que estaba presenciando. Historia viva de la lucha con la que tanto me identifico ante mis ojos.
Sin palabras.
Ya de vuelta a la estación de tren paré en un puestito callejero a saborear otro producto mítico de la gastronomía nacional: el choripán, lo que en España sería un bocadillo de sabroso chorizo a la parrilla con ensalada y salsas...riquísimo.
En el camino topé, sin preverlo, con el puerto y sus barcos engalanados de luces multicolores y sus restaurantes de clientela tan acorbatados los unos como enjoyadas las otras, y en donde ni se piensa que el menú nocturno pueda bajar de los 300 pesos. ¡Seguro que cené mejor que ellos con mi choripán de 4 mangos!
Ya de vuelta a la estación de tren paré en un puestito callejero a saborear otro producto mítico de la gastronomía nacional: el choripán, lo que en España sería un bocadillo de sabroso chorizo a la parrilla con ensalada y salsas...riquísimo.
En el camino topé, sin preverlo, con el puerto y sus barcos engalanados de luces multicolores y sus restaurantes de clientela tan acorbatados los unos como enjoyadas las otras, y en donde ni se piensa que el menú nocturno pueda bajar de los 300 pesos. ¡Seguro que cené mejor que ellos con mi choripán de 4 mangos!
Por último, ya en la estación y antes de agarrar el tren de vuelta a la fábrica, encontré, una vez más, el contraste: mientras observaba como se alejaba estación adentro el niño al que acababa de denegar un moneda, vi como se encontraba con sus siete hermanos tan harapientos como él, todos con edades de entre uno y diez años. Los menos egoístas se pasaban un helado que acababan de recoger del suelo mientras su paciente madre luchaba por subirlos al mismo tren que les retornaba a cualquiera de las villas miseria en donde probablemente vivan. De entre sus expresiones ininteligibles para un gallego-parlante como yo, también indigna reconocer como la triste suciedad que los envolvía era la misma que sirve para diferenciarlos de los que si tenemos comida e higiene diaria.
La realidad es un contraste. El que no lo observa es porque quiere permanecer ciego en su mundo de privilegios. Sigo viajando poniéndome todas las lentes que necesite para permanecer pegado a la tierra, pegado a la única realidad. Mi sueño de viajero no puede impedirme estas experiencias, pues son ellas las que me han movido a dar el salto.
La realidad es un contraste. El que no lo observa es porque quiere permanecer ciego en su mundo de privilegios. Sigo viajando poniéndome todas las lentes que necesite para permanecer pegado a la tierra, pegado a la única realidad. Mi sueño de viajero no puede impedirme estas experiencias, pues son ellas las que me han movido a dar el salto.